
Y con este ya son tres los años que hacen del club de lectura trevianés una aventura que va consolidándose en este mundo rural.
De todos es sabido que, en los días que corren, cada vez es más frecuente escuchar eso de que ya no existe el tan necesario hábito lector. O al menos que está desapareciendo a marchas forzadas. También es sabido que las hordas que forman el conocido adoctrinamiento societal dan predilección a las pantallas, ya sea para visualizar las tan cuantiosas series en las diversas plataformas… El uso indiscriminado de portátiles, Tablets, Iphones o los copiosos modelos de móviles nos cautivan para dedicar nuestro tiempo de vida. Un tiempo que, de alguna manera, es precipitado sobre las redes sociales.
Por norma general, el uso de las pantallas supone una baja exigencia cognitiva y, por lo que se ve, lo sencillo, lo anodino y lo que no requiere esfuerzo sigue siendo elegido, tal y como ha sucedido siempre, por la gran mayoría. Sólo hay que inmiscuirse un día cualesquiera en cualquier medio de transporte urbano para refutar la premisa anterior.
No obstante y pese a lo contado, hoy todos los miembros de este perseverante club de lectura estamos encantados de prodigar a los cuatro vientos que, pese a que estos arrecien en contra, proseguiremos en este empeño de leer. Porque de lo leído salen cosas que desde aquí sería difícil representar. Cosas con base, divertidas, agónicas a veces por el tema a tratar, que sacan de quicio a los asistentes, que les anima a releer lo leído por eso de no haberse percatado de tal o cual detalle que percibe sumamente relevante en la historia… Un grupo participativo que agradece, siempre, el hecho de inmiscuirse en historias provenientes de diversos territorios casi siempre muy alejados de la zona de confort. Sólo hay que acercarse un día al encuentro para experimentar de primera mano que las disecciones de los relatos no tienen desperdicio. Como tampoco lo tienen las risas y los ágapes inherentes a cada evento, que suponen una experiencia que se expande inclusive a las artes plásticas. Es el caso de Eva -miembro activa del club- que, de buenas a primeras decidió un buen día retratar a los y las creadore/as de las historias que han sobrevenido en este curso 23/24 y que encabeza esta crónica. Todo un detalle que todos agradecemos.
Entre ellas están «A la sombra del Templo», de Toti Martínez de Lecea; Poesías, con Vicente Robredo; «La metamorfosis» de Franz Kafka; «Arrugas» de Paco Roca; «Cometas en el cielo» de Kaleh Hosseini; «Doctor Jekyll y Mister Hyde, de Robert Louis Stevenson; «Nada» de Carmen Laforet; «La librería» de Penélope Fitgerald; «Juntos sin fronteras» de S.H. López-Pastor -otro miembro activo del club- y «Tokio blues» de Harumi Murakami.

Y para finalizar tomo la palabra porque resulta un honor haber sido partícipe de uno de aquellos eventos como autor del libro «Juntos sin fronteras». Hoy, todo hay que decirlo, respiro tranquilo por salir indemne de aquella disección, por, además, formar parte, en forma de retrato de las ilustraciones de Eva y, por si fuera poco, disfrutar de la luna llena que desde Treviana se suele contemplar en estos días del año. La instantánea me la envió Eric, como detalle para el día en el que cumplí años. ¿Se puede pedir más?
Gracias club de lectura de Treviana.
¡Nos leemos el próximo curso?
