
El pasado sábado 22 de febrero muchos coincidimos con que fue un día redondo. Y lo fue porque desde la mañana varios vecinos de Treviana nos reunimos en la plaza del ayuntamiento para celebrar el II Día del Árbol. Tras la gran acogida de la primera convocatoria en el año anterior, no quisimos perdernos esta bonita jornada en la que todos nos juntamos para poner nuestro granito de arena en esto de crear un mundo mejor.
Divididos en dos grupos, para formular la estrategia de plantación, acometimos dos zonas del municipio en las cuales plantamos entre todos más de 200 árboles. Encinas y pinos. A decir verdad también tuvimos que renovar los del pasado año que sucumbieron a los calurosos meses del verano y plantar nuevos arbolitos. Estamos seguros de que cuando crezcan estos, contribuirán a hacer que este entorno siga ofreciendo un precioso paisaje.
Tras la laboriosa experiencia nos congregamos en el bar un nutrido grupo para reponer las fuerzas perdidas en la mañana y degustar unas excelentes patatas a la riojana.
Una vez por la tarde, como sucede cada mes desde hace cuatro años, nos reunimos el Club de Lectura trevianés para desgranar entre todos una nueva lectura: «El lector» de Bernhard Schlink. El holocausto nazi, el analfabetismo, los miedos a tomar parte en las cotidianidades de la vida, fueron los temas a tratar y el debate se fundamentó sobre esas bases. Un relato escrito en primeras persona dividido en tres partes que atrapa desde los primeros capítulos. Las preguntas que se desprenden de él logran, sobre todo, poner al lector en la necesaria tarea de cuestionarse cosas que toman parte principal en nuestro día a día. Sobre todo gracias a la coyuntura actual del mundo en el que vivimos. Que se aboca a las más impensables directrices de mandamases que adoran el dinero, el ego y las más opulentas dosis de poder. Y es seguro que los pueblos del mundo, si tomaran el tan necesario hábito de leer. Es más. Si leyeran propuestas como la señalada por el autor alemán, es seguro, tal y como decíamos, pondrían mayores trabas a tales mandatarios para afianzarse en las primeras líneas de las políticas mundiales.
Michael, el personaje principal, gracias a su habitual sentido reflexivo, no deja de cuestionarse cosas. Sin embargo, paradójicamente, no actúa, como dando prioridad a aquellos que leen su historia, a tomar parte en el asunto. Se trata de una actitud mediocre que nos expone los problemas del mundo. Aunque muchas veces no sea sencillo, es cada vez más primordial arremangarse y enfocar nuestras acciones sobre lo que verdaderamente se tiene que hacer.
Una buena cosa es plantar árboles, para mitigar el tan famoso cambio climático.
Otra es leer, para cuestionarse las cosas que las vanguardias de los que gobiernan nos quieren hacer creer.
Seguro que hay muchas más. Y lo más sorprendente es que muchas de las soluciones para hacer de éste un mundo mejor, se hallan en nuestras manos.
¡Nos leemos?


