Comenzamos el 5º curso en el Club de Lectura de Treviana

«Matar a un Ruiseñor», de la escritora estadounidense Harper Lee, se convirtió el pasado sábado 27 de septiembre en la lectura que dio inicio al quinto curso de este saludable y nutrido club de lectura trevianés.

Se debe señalar que el grupo de danzas del municipio participó en un festival organizado por la ciudad de Logroño por motivo de las fiestas de San Mateo. Es debido a ello por lo que algunos de sus asistentes no pudieron acudir a la cita. Pero eso no resulta un impedimento porque el curso se prevé largo y tan intenso e interesante como los pretéritos.

Tal y como decíamos, el desgranamiento del relato «Matar a un ruiseñor» resultó, una vez más, una experiencia inmersiva en una historia que a nadie dejó indiferente. Se comentó la habilidad de esta autora ganadora del Pulitzer, que dio luz al relato en 1960, en cuanto a describir y caracterizar a Scout Finch como niña protagonista. A través de sus ojos, Scout nos muestra de manera inteligente la vida en Maycomb, un pueblecito de Alabama, al sur de Estados Unidos.

El propio lector tendrá la oportunidad de reflejarse en un espejo en el que se observa, además de su propio reflejo, los condicionamientos y prejuicios de nuestras sociedades. Tales como el odio al diferente además de la moralidad y la integridad del abogado Atticus, que resulta que es padre de Scout y de su hermano mayor, Jem. El puente que simboliza Calpurnia como umbral para, si no aproximar, contemplar o entender al menos las características de los negros y blancos en un lugar sureño de los años treinta.

Una niña blanca es supuestamente violada por Tom Robinson, un manco negro de carácter humilde. Como es de esperar, pese a las pruebas o, al menos, falta de ellas, el negro es encarcelado y asesinado tras su intento de fuga. Atticus, con su carácter meditativo, lúcido y a sabiendas de que lograr la exculpación de Tom es un imposible, logra remover conciencias a través del juicio. Tanto lo hace que el padre de la niña agredida pretende hacerle la vida imposible. Sin embargo, un ruiseñor (en este caso no culpable de ningún delito) observador de la dinámica de las calles que colindan con su hogar, sirve de aglomerante a la narración tras impedir que la tragedia vuelva a suceder.

Boo Radley destaca entre la prole de arrendajos por su melodía complaciente y benefactora, quizá simulando un canto generoso propio de auténticos ruiseñores. De alguna manera hace tomar perspectiva de la vida a una pequeña Scout que, qué duda cabe y sobre todo gracias a los valores de su progenitor, pronto comenzará a cantar con alegría y generosidad.

Lectura costosa en sus primeras páginas que quizá sirviera de muro para algunos, pocos miembros del club, pero gratificante final que nos dice que un mundo mejor donde la empatía y la cooperación, si superan a las envidias y a las disputas y a las pugnas… ; podrán ofrecernos horizontes a los que merezca la pena cantar.

Como se ve, el curso no podía haberse iniciado mejor y una vez más se comprueba que en el mundo rural la cultura se encuentra en todos sus rincones.

El próximo será «Seda» del italiano Alessandro Baricco

¡Nos leemos?

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