
El pasado lunes 21 de julio, la localidad riojana de Ventosa, conocida por la labor de tratantes de sus vecinos- y -su Mercado del Trato– arrancó su semana cultural. Y para celebrarlo, entre otras cosas dieron acogida a Fernando Velasco Magaldi que, como muchos sabréis, este corredor cántabro afincado en La Rioja, está recorriendo 2330 kilómetros para dar visibilidad a la enfermedad de Esclerosis Lateral Amiotrófica -ELA-, con el lema: «Corriendo por los que no pueden».
Para Literaria Kalean es un honor poner su granito de arena en este bonito proyecto y, de esa forma el lunes por la tarde, una buena cantidad de muchachos y muchachas del municipio se congregaron en el frontón para realizar entre todos un cuento referido a esta enfermedad. Fueron los más valientes los que se atrevieron a leer las primeras líneas del cuento. De tal forma, todos conocimos a Jairo, el duendecillo de la vid y a Lucía, su amiga, la cigüeña de alas moradas que sobrevuelan La Rioja para vivir fantásticas aventuras y que suelen aterrizar en los campanarios de los pueblos de esta manera:
-¿Qué es lo que ocurre, Lucía? -gritó en una de estas, Jairo- ¡Que nos caemos!
-Ha vuelto a ocurrir -dijo Lucía- Se me ha metido un mosquito en el ojo otra vez.
-Aprisa, agita las alas, a ver si llegamos a aquel campanario.
¡Clonk!
Así, nuestros amigos, con Lucía frotándose frenéticamente el chichón que brotaba de su cabeza, llegaron hasta el campanario de la iglesia de San Saturnino. Al encontrarse con los ventosinos, estos les comentaron la proeza que estaba realizando Magaldi para dar visibilidad a la ELA. Fue entonces cuando, armados con lapiceros y pinturas de colores los participantes del taller, realzaron sus imaginaciones para crear un cuento referido a esta enfermedad. Y no faltaron caracoles, libros mágicos, campanas, iglesias, tormentas catastróficas, universos desconocidos, dinosaurios, fallecimientos y personajes que resucitaban para dar colofón a una aventura vertiginosa.
Fue una tarde de cuentos repleta de creatividad, imaginación y risas. Y tras la cual, degustamos panceta y un buen vino de la tierra entre los vecinos de Ventosa.
Como se ve, recorrer el territorio a través de la literatura, te lleva a vivir experiencias capaces de derribar fronteras. Los peques de Ventosa bien que lo saben.
Y es que leer, hoy más que nunca, es ciertamente necesario.
¡Nos leemos?


