
Y con Madame Bovary de Gustave Flaubert, ya son treinta obras las leídas y diseccionadas en nuestro club de lectura trevianés. Un club de lectura que, tal y como anunciamos en una entrada anterior, comienza su cuarto curso de andadura.
Como muchos sabréis también, este grupo lector es muy diverso en cuanto a edades, procedencias y oficios. Lo decimos porque en esta ocasión también tuvimos el honor de contar con Eric, vecino del municipio de origen francés, que el sábado dio pie a la tertulia incidiendo en la biografía de su compatriota Gustave Flaubert y su obra Madame Bovary. Eric, tal y como señaló, disfrutó de la lectura de este relato del siglo XIX y no dudó en puntualizar la pronunciación del nombre de cada protagonista en el idioma de nuestro país vecino.
Pero detengámonos en la obra: Madame Bovary es un relato publicado en 1856, que hace una crítica a la sociedad burguesa de mediados del siglo XIX. Emma, tras casarse con Charles, un médico rural, buena persona aunque algo aburrido y rutinario, cree encontrar en él, el amor que tanto desea tras sus muchas lecturas románticas. Ella anhela una vida idílica y privilegiada que finalmente no encuentra en su esposo. Al llegar a Yonville, pueblo en el que se desarrolla la trama, Emma adquiere deudas, tiene flirteos sentimentales con Rodolphe Boulanger, astuto y oportunista terrateniente, y con Leon Dupuis, funcionario del municipio e idealista como ella, que le deslumbran en un principio para defraudarla tiempo después. Una vida llena de expectativas que no llegan a cumplirse y que acaba en tragedia gracias a la ayuda de Justin, un joven ayudante de farmacia que le ofrece la solución a sus males sin ser él consciente.
Obra maestra para numerosos críticos y escritores. Lectura exquisita, lenta en descripciones bien trabajadas que nos muestra, a través de las vivencias de la protagonista, que el jardín del vecino siempre suele verse más verde que el propio.
Resultó una velada entrañable colmada de impresiones, experiencias y anécdotas que matizaron este tan apasionado como necesario hábito lector.
La próxima, poesía. Pero eso ya es otra historia…
¡Nos leemos?
