
Fue un día de hace muuucho, muuucho tiempo, cuando el timbre de una de las puertas sitas en uno de los edificios que configuran la ciudad de Logroño, volvió a sonar. En aquella ocasión, la llamada no fue desestimada. La puerta se abrió y apareció tras ella una mujer que escuchó las siguientes palabras:
–Hola, soy Sergio, escribo, y ando promocionando mi primera novela.
Busco gente que le guste leer. ¿No sé si será el caso?
Elena, la mujer importunada, leía. Pero no solo eso. También se interesó por aquella poco ortodoxa manera que utilizaba aquel escritor en ciernes para dar a conocer sus libros. De esa forma fue como se hizo con una copia dedicada de «Soy un gusano». Sucedió alrededor del año 2011.
Pues bien, las líneas anteriores vienen a colación porque el pasado sábado 9 de agosto, tras aproximadamente catorce años de aquel episodio, Elena se aproximó al puesto de libros que formaba parte del mercado de artesanía de la localidad de Terroba. En la misma fiesta del Camero Viejo que todos los veranos acontece en uno de sus 16 municipios.
Esta logroñesa, tras la debida explicación del argumento de mi décima novela, esto es, «La criadora» y también tras su correspondiente firma, me preguntó: ¿Tú no serás el autor de «Soy un gusano»?
En tanto que rubricaba las primeras páginas de la obra, Elena me recordó que un buen día de hace catorce años yo toqué la puerta de su piso y adquirió mi primera novela de aquella manera tan peculiar. Fue ahí cuando volvió a surgir la magia.
Tengo que decir que en ciertas ocasiones, debido a que mi literatura continúa buscando lectores por aldeas, municipios de diversos tamaños de población y ciudades, me encuentro con personas que recuerdan aquel día en el que un tipo loco iba promocionando sus novelas de aquel modo. La conversación se extendió gratamente para configurar aquel día de verano como algo para recordar. De hecho, las instantáneas que ilustran esta entrada, quedarán para el recuerdo.
Elena forma parte de las casi dieciséis mil quinientas lectoras protagonistas que he hallado en este recorrer y desde aquí agradezco el gesto de hacérmelo saber. 16.500 lectores protagonistas. Puede parecer una cifra insignificante, pero no lo es. De ningún modo lo es porque cada uno de esos lectores que me abrieron en su día su puerta y adquirieron una de mis obras dedicada, supone un escalón que me dice bien fuerte:
Sergio; se puede. Claro que se puede.
Gracias Elena por tu simpatía, por esa mentalidad abierta y por seguir ofreciendo magia a esta literatura errante.
¡Nos leemos?

