«Intemperie» en el club de lectura de Treviana

La primera novela del escritor Jesús Carrasco Jaramillo (Badajoz, 1972) nos descubre la tan inquietante como misteriosa huida de un niño que, escabulléndose de sus captores, se adentra en una llanura árida, hostil e insufrible. Pero no es solo la falta de agua, comida y la opresión de los inquisidores rayos de un sol implacable los que le martirizan. Si no que, ayudado por un pastor de cabras, ambos tienen que lidiar con la empeñosa persecución del alguacil y sus secuaces. Es entonces cuando el niño y el cabrero sufren, además de las adversidades climatológicas contempladas, una insistente y maligna persecución aliñada también -sobre todo con sal y vinagre- por ese personaje caracterizado por el tullido.

De estilo hábil y preciso, Jesús Carrasco ha sido capaz de elegir las palabras exactas para narrar una historia colmada de silencios, sensaciones escabrosas y experiencias que llevan a los protagonistas hasta el mismo límite; para, al momento siguiente sobrepasarlo y cargar con mayores desavenencias.

Algunos hablan, acertadamente, de una mezcla de las narrativas de Miguel Delibes y del estadounidense Corman McCarthy. Porque es preciso que el lector eche mano del diccionario para comprender al dedillo todo el vocabulario rural -y no rural-. Y sin embargo no es un relato pesado, sino todo lo contrario. Porque el autor describe las escenas con maestría y esa precisión mencionada que se aleja de los excesos y, por otro lado, nos aproxima a esa buena sensación de querer saber qué es lo que ocurrirá en la siguiente página.

Con todo, Intemperie es una novela que se publicó en 2013 y tuvo una previa y fuerte repercusión internacional, hasta que llegó a los lectores de su país. Adaptada al cómic y a versión cinematográfica.

De todo esto se habló en el nutrido club trevianés el pasado sábado 24 de mayo. Intemperie gustó. Atrapó desde sus primeras páginas y cada cual, tal y como acostumbramos, expresó sus impresiones en tanto que todos recordamos el significado de palabras como garrucha, brocal, pitarra, serones, bozal, barbada y un largo etcétera para deleitarnos con los entresijos del fecundo idioma que manejamos.

Y luego, como punto final a la sesión lectora, disfrutamos de un buen piscolabis regado con vino de la tierra brindando por los cumpleaños de algunos de los miembros del club.

Sin olvidar la visita de Jone y Mikel que, tiempo atrás, en el paseo del Boulevard de San Sebastián, entablaron conversación con Ainara y Sergio de Literaria Kalean. Ellos nos siguen la pista desde entonces y tenemos que decir que nos emocionó reencontrarnos esa misma mañana en Briones para realizar trueques de nuestras obras. Como se ve, no desperdiciamos la ocasión para mencionarles la existencia del club de lectura y ellos decidieron comprobar aquello que se cuece en él.

Resultó, como siempre resulta, un encuentro entrañable, lleno de literatura, gastronomía, buen rollo y ganas de pasarlo bien. Y es que la literatura tiene la capacidad de cosas como estas. Cosas que hay que vivirlas para entenderlas, porque incluso para maestros literarios como Jesús Carrasco sería harto dificultoso expresar con palabras y exactitud, las horas vividas en este singular municipio riojalteño que navega, también, entre llanuras de trigo y cereal.

El próximo será en junio. Literatura de la tierra con Jesús Vicente Aguirre y su novela «El club de las cuatro más uno». Y según parece, tendremos el placer de contar con la presencia de este cantautor y escritor riojano que nos visitará tras inmiscuirnos en su citada obra.

Mientras nos adentramos en su relato, os deseamos buenas lecturas desde Treviana.

¡Nos leemos?

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