
Utilizar el teléfono móvil es sencillo. Movimiento, sonido y luz. Es atractivo, cautivador y requiere poco esfuerzo. En efecto, usar el móvil supone una escasa exigencia cognitiva.
Leer un libro; en papel, sin embargo requiere mayor empeño y esa es una de las causas por la que existe una clara sensación de que el hábito lector se está perdiendo en nuestras sociedades.
A medida en que nos vamos moviendo por diversas localidades de nuestro entorno para exponer nuestras tres líneas narrativas a los curiosos que se aproximan para indagar sobre qué es eso de literatura en la calle, estas cuestiones ambivalentes las experimentamos día sí y día también.
Esta Semana Santa Literaria Kalean viajó a las Merindades para mostrar su literatura en localidades como Villarcayo -Jueves Santo, 17 de abril-, Espinosa de los monteros -viernes-, Medina de Pomar -sábado- y Villasana de Mena -Domingo de Resurrección-. Y lo hizo a sabiendas de que los lectores iban a abundar y así fue. Pero tal y como indicábamos, nos sorprendió también entablar conversaciones que calaban. Conversaciones dispares, que por norma general concurrían en el siguiente axioma:
Es imposible vivir de la literatura.
Entre ellas recordamos la de Antonio, de Santurde -localidad cercana a Medina de Pomar-, y buen lector. Tras hacerse con uno de nuestros títulos, él volvió a nuestro puesto horas después para reanudar la conversación mantenida. Y entre otras cosas nos contó una curiosidad significativa: Resulta que en el paraninfo de una universidad se estaba ejecutando una ponencia y entre el público alguien levantó la mano y preguntó al conferenciante: «¿Sabe usted cómo se cazan jabalíes?» Hubo risas generalizadas, pero el orador permitió al oyente explicarse. Este comentó que para cazar jabalíes se coloca comida de jabalíes en un descampado. Los animales se aproximan a comer. Días después, se instala una línea de valla, pero también más comida. Los jabalíes, siempre con recelo, siguen aproximándose a comer. Después otra línea de valla. Y más comida. Luego una tercera línea de valla y más comida. Los animales siempre acuden para saciarse porque se habitúan a verse cercanos a las vallas. Por fin, acostumbrados a éstas, se puede colocar la cuarta línea de valla que establece el cercado. Antonio explicó que es esto mismo lo que ha sucedido con las ciudades del mundo. Luces, movimiento y sonido -comida para jabalíes-, se confabulan con las cámaras, diversidad de mecanismos de control, etcétera que podrían ser perfectamente esas vallas mencionadas.
En otra de las conversaciones hablamos con un hombre que se acercó a nuestro expositor de libros y le ofrecimos una tarjeta con el propósito de que conociera nuestra labor. Él no hacía otra cosa que chascar la lengua en tanto que negaba con la cabeza insistentemente. «No tenéis nada que hacer» decía. Y lo decía basado en su experiencia. Una experiencia que lamentablemente abunda en el globo. El hombre nos comentó que en su día fue un buen lector. Nos comentó también las veces que había perdido los nervios al observar, día sí y día también a su hijo adolescente levantarse al mediodía, hacerse con su pantallita y deslizar su dedo hasta altas horas de la madrugada. Un día y otro. Sin salir, sin hablar, sin asearse…
Pero para ser justos, en estos días de asueto, entre claros de sol, viento, lluvia y un frío impropio de mediados de abril, también hubo una buena cantidad de firmas de libros, de más conversaciones en diferentes grados de trivialidad y algo que nos anima a seguir hacia adelante. Algo que nos dice firme y claro que la línea infantil, cuyo propósito es incentivar el tan necesario hábito lector y conocimiento de nuestro entorno a través de libros en papel, posee su buena función.
En estos días hemos hallado pequeños y pequeñas lectoras que afirman que les encanta leer y en papel, pasar las páginas y olerlas para involucrarse en las variopintas historias. Chicas como Leire, una muy buena lectora de once años, que, debido a su dislexia, tenía que leer dos veces el texto para comprenderlo. Pero su afán, su ahínco lector, podía con eso y con mucho más. Luego varios hermanos que deseaban leer el cuento, conocer el valle del Oja y ponerse a buscar mariposas de piedra. Algunos crearán sus propias almazuelas o visitarán lugares como las cuevas de Pozalagua, o lucharán con el dragón de Sajazarra.
Y como colofón, una suerte de casualidad hizo que conociéramos a Aurkene, que no dudó en hacerse con varios ejemplares para Aitziber, su hija lectora veinteañera que estudia Filología Hispánica en Burgos. Sí, lo habéis leído bien, Filología Hispánica. Ella nos comentó que Aitziber no encajaba con el modo de actuar de sus amigas cuando, por poner un ejemplo, ellas querían pasar la tarde en centros comerciales. Y lo mejor de todo es que Aitziber, al saber de nuestra presencia en Villasana de Mena, no perdió el tiempo y quiso conocernos. Supo luego de nuestro hacer, se hizo con un ejemplar más con motivo del día del libro y entre conversaciones literarias, entendimos firmemente que Aitziber, un mirlo blanco entre los demás, por mediación de las artes literarias saltará las vallas, dejará a un lado el oropel de movimiento sonido y luz para vivir sus propias aventuras. Para decidir su propio camino. Porque leer, hoy en día es ser rebelde. Y ser rebelde supone parar a reflexionar, elegir entre innumerables opciones y decidir el camino a seguir.
Hoy damos las gracias a los mercados artesanales de las Merindades y a cada uno de los que os acercasteis a nuestro puesto, por esas conversaciones, por esos momentos de conexión que nos da la literatura y los libros.
Por esos momentos de rebeldía.
Y desde aquí os deseamos un Feliz Día del Libro.
¡Nos leemos?


